El móvil no morirá, pero tu agente de IA lo jubilará

Meta presenta el Muse Charm, un colgante con cámaras y un agente de IA. Un policía y autor de ciencia ficción explica por qué el móvil va a perder el trono.

LA CIENCIA DEL BUCLE

Jose M. Aldasoro

10/1/20266 min leer

Colgante electrónico con una pequeña pantalla encendida sobre una mesa oscura, iluminado por una luz ámbar
Colgante electrónico con una pequeña pantalla encendida sobre una mesa oscura, iluminado por una luz ámbar

Mark Zuckerberg cerró Meta Connect con un producto que no estaba en el guion: un colgante del tamaño de un llavero, con pantalla, dos cámaras y un personaje animado que recuerda a un Tamagotchi. Se llama Muse Charm y dentro «vive» Muse, el agente de IA de Meta. La reacción fácil es reírse y recordar el Humane AI Pin. Creo que es un error: el colgante probablemente fracasará, pero la idea que lleva dentro va a ganar.

Qué es el Muse Charm y por qué ni Meta cree que sustituya al móvil

Según lo publicado por Xataka a partir de la presentación y de los datos de Bloomberg, el Muse Charm tiene una pantalla OLED táctil de dos pulgadas, conectividad 5G, dos cámaras (una delante y otra detrás), altavoz, micrófonos y un sensor de huella en el lateral. Se pone el dedo y se habla con el agente sin desbloquear el teléfono ni abrir ninguna aplicación. Se lleva en el llavero, al cuello o en la muñeca. Las cámaras no están pensadas sobre todo para hacer fotos, sino para darle «ojos» al agente y que entienda lo que tenemos delante. Meta espera ponerlo a la venta en diciembre; no ha dado precio, y Muse, por ahora, solo funciona en Estados Unidos.

Lo interesante es lo que dijo la propia empresa. Andrew Bosworth, su director de tecnología, reconoció a Bloomberg que espera que la mayoría de la gente use Muse desde las gafas y desde el móvil, no desde el colgante. Meta no lo vende como sustituto del teléfono, sino como complemento para los incondicionales. Ha aprendido de los cadáveres del sector: el Rabbit R1 vendió unas 100.000 unidades y meses después apenas un 5 % de sus compradores lo usaba; el Humane AI Pin prometió dejar obsoleto al smartphone y acabó sin soporte, convertido en un pisapapeles de 700 dólares.

Mi tesis no es que un aparato vaya a sustituir al móvil. Es otra, y me parece más inquietante.

¿Quieres ver cómo trabaja una inteligencia artificial que decide qué se conserva y qué se borra de un expediente? Lee el atestado secreto que ZEUS marcó para su eliminación: un informe redactado como lo haría un policía, con una escena de El Bucle que no llegó a la novela.

El móvil no muere: deja de ser la puerta

Durante quince años el teléfono ha sido la puerta de entrada a todo: el banco, el correo, el mapa, la agenda, la conversación. Para cada cosa, una aplicación; para cada aplicación, un icono que hay que buscar, abrir y aprender a usar. El agente de IA elimina ese paso. No se abren aplicaciones: se pide lo que se quiere, en lenguaje natural, y el agente se encarga. Meta ya lo ha llevado a WhatsApp, el sitio donde medio mundo escribe sin pensar.

Cuando la interfaz es una conversación, el aparato deja de importar. Da igual que el agente viva en unas gafas, en un colgante, en el coche o en el propio teléfono: es el mismo agente, con la misma memoria, siguiéndonos de un soporte a otro. El móvil no desaparecerá de golpe, igual que el teléfono fijo no desapareció de golpe. Se quedará en el bolsillo como un módem con batería y pantalla de apoyo, y lo sacaremos cada vez menos. Lo que llevaremos encima de verdad no será un dispositivo. Será un agente.

Y un agente que nos acompaña a todas partes, con ojos y oídos, es algo que un policía mira de otra manera.

Un testigo que no parpadea

El móvil ya es hoy, en muchas investigaciones, el testigo más completo de la vida de una persona. En España, los operadores deben conservar durante doce meses los datos de tráfico y localización de las comunicaciones (Ley 25/2007), y solo se entregan con autorización judicial. Para registrar el contenido de un teléfono intervenido, la Ley de Enjuiciamiento Criminal exige también, como regla general, resolución judicial (artículos 588 sexies a y siguientes). Son garantías pensadas para un aparato que registra, sobre todo, con quién hablamos y dónde estábamos.

Un agente con dos cámaras y varios micrófonos, diseñado para entender el entorno, registra otra cosa: el contexto. Lo que veíamos, lo que se dijo alrededor, lo que le pedimos y a qué hora. Es un testigo que no parpadea ni olvida, y las preguntas que plantea no son de ciencia ficción: dónde se guarda lo que capta, quién lo custodia, cómo se garantiza que no se ha alterado y si lo que el agente «entendió» de una escena vale lo mismo que lo que efectivamente ocurrió. En un atestado, la diferencia entre lo que se ve y lo que se interpreta lo es todo. Un agente de IA no distingue entre las dos cosas si nadie le obliga a hacerlo.

No sé cómo resolverán los tribunales esas preguntas. Sé que llegarán antes de que la ley las haya pensado.

Cuando el agente elija por ti, el nombre propio será lo único que no se automatiza

Hay una consecuencia menos evidente. Si el agente es la puerta, también será el filtro. Nos resumirá las noticias, nos propondrá qué leer y elegirá entre mil opciones sin que veamos las otras novecientas noventa y nueve. En ese mundo, el contenido anónimo y genérico se vuelve invisible: cualquier máquina lo produce y cualquier máquina lo sustituye.

Lo que sobrevive es lo que no se puede fabricar: una firma con experiencia verificable detrás. Por eso no me presento como «escritor de ciencia ficción» a secas, sino como el policía que escribe los thrillers del futuro. No es un eslogan: es lo único que un agente no puede inventar por mí. Soy policía, y es ese oficio, no la imaginación, lo que traslado a mis novelas.

En El Bucle imaginé una inteligencia artificial, ZEUS, capaz de marcar un expediente para su eliminación. Cuando la escribí era ficción. Viendo a Meta colgar un agente con cámaras del cuello de sus usuarios, empiezo a pensar que era un informe adelantado.

Dentro de diez años nadie te preguntará qué móvil tienes. Te preguntarán a quién le cuentas tu vida, y quién guarda la copia.

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