El cierre de BioWare y la galaxia que se queda sin dueño

El cierre de BioWare deja a Mass Effect sin futuro y a sus jugadores sin galaxia. Por qué me duele y qué enseña sobre quién es dueño de un universo de ficción.

LA VIDA DEL ESCRITOR

Jose M. Aldasoro

10/25/20264 min leer

Estación orbital en forma de anillo abandonada en el espacio profundo, con algunas ventanas iluminadas en ámbar
Estación orbital en forma de anillo abandonada en el espacio profundo, con algunas ventanas iluminadas en ámbar

Hay noticias que lees y sigues con tu día. La del miércoles no fue una de ellas. BioWare cierra, y el próximo Mass Effect, ese que llevábamos años esperando, no va a existir. Lo digo sin rodeos: me ha dolido, porque Mass Effect me flipa.

Lo que ha pasado

El 21 de octubre, BioWare anunció en sus redes que cerraba y que se acababa el desarrollo del siguiente Mass Effect, que todavía estaba en una fase inicial. Según Bloomberg, EA va a recortar unos 400 puestos, cerca del 3 % de su plantilla, y unos 50 son de BioWare. Todo esto llega dos meses después de que se cerrara la compra de EA por un consorcio encabezado por el fondo soberano de Arabia Saudí, una operación de 55.000 millones de dólares.

Detrás del titular hay medio centenar de personas que se han quedado sin trabajo, y eso va antes que cualquier nostalgia. Pero también se acaba una historia de más de treinta años. BioWare la fundaron en 1995 dos médicos, Ray Muzyka y Greg Zeschuk, que decidieron que lo suyo era hacer juegos de rol. EA compró el estudio en 2007, el mismo año en que salió el primer Mass Effect.

Yo también construyo universos, aunque a otra escala. En mis novelas, cada historia deja un expediente. Si quieres leer el que ZEUS intentó borrar, el atestado que reparto entre mis suscriptores está aquí.

Por qué Mass Effect me flipa

Los he jugado todos. Me enganché con el primero, que me gustó muchísimo, y seguí hasta el final de la trilogía. Pero donde de verdad me perdí fue en Andrómeda: le metí cientos de horas. Bajar a mundos extraterrestres y recorrerlos sin prisa era una gozada, y el combate me encantaba. Sé que Andrómeda no tuvo buena prensa cuando salió, en 2017. A mí me dio igual.

Pero hay algo más, y es lo que me engancha como escritor. Mass Effect no se conformó con poner naves bonitas en pantalla. Se inventó una física y la explicó. Todo gira alrededor del elemento cero, un material capaz de alterar la masa de los objetos cuando se le aplica corriente. De ahí salen los motores, las armas, los escudos y los relés de masa, esa red de estructuras gigantes que permite cruzar la galaxia en un instante. Y si querías saber cómo funcionaba cualquier cosa, tenías el Códice, una enciclopedia dentro del juego que te lo contaba con un rigor que ya quisieran muchas novelas.

La trilogía tenía además otra genialidad: tu Shepard. Las decisiones que tomabas en el primer juego te seguían al segundo y al tercero. Gente que salvabas, gente que dejabas morir, alianzas que se rompían. Cada jugador terminó la saga con una historia distinta, y la sentía suya.

Y Andrómeda le dio a todo eso un destino. Ya no se trataba de salvar la galaxia, sino de llegar a una nueva después de seiscientos años de viaje y buscar un sitio donde vivir. Eso es ciencia ficción de la buena: aterrizar en un planeta que nadie ha pisado y descubrir, a la vez que el personaje, si ahí se puede respirar.

Una galaxia que no es de quienes la habitan

Estos días, Mass Effect acumula más de 200.000 publicaciones en X. Hay quien pide que alguien rescate la saga. Y ojo, que los fans de Mass Effect ya han movido montañas antes: en 2012 se rebelaron contra el final de la trilogía, y BioWare acabó publicando ese mismo año una ampliación gratuita del desenlace. Pocas comunidades pueden presumir de algo así.

El problema es que esta vez no hay estudio al que convencer. La galaxia en la que millones de personas han pasado cientos de horas pertenece a una empresa, y la empresa ha decidido que, de momento, ahí no se juega más. No se sabe qué pasará con los derechos de Mass Effect ni con los de Dragon Age. Puede que algún día vuelva. Puede que no.

Yo escribo mis novelas por mi cuenta, y eso tiene muchos inconvenientes. Pero tiene una ventaja que hoy veo con otros ojos: el universo en el que suceden no lo puede cerrar ningún consejo de administración. Si un día se acaba, será porque yo lo haya decidido.

A los que habéis recorrido la Vía Láctea con Shepard o Andrómeda con Ryder, no hace falta que os diga lo que se pierde. Y si no los has jugado nunca, siguen ahí: la trilogía, remasterizada en la Legendary Edition de 2021, y Andrómeda. Esas galaxias, al menos, no las puede cerrar nadie.

¿Qué universo de ciencia ficción te dolería perder así?

Siguiente lectura

Lo que odio de la ciencia ficción moderna (y lo que echo de menos)

Por qué escribo ciencia ficción

El Bucle, la novela